IBN AL-JATIB

el polígrafo insomne

 

 

Alfredo Leyva Almendros

 

 

Dominando toda la historia cultural del reino de Granada, con una importantísima intervención en la política de su tiempo, fue la última gran figura de las ciencias y el pensamiento en toda la historia de al-Andalus. Poeta, biógrafo, historiador, médico, pensador, escritor de prosa difícil pero rico en noticias y agudo en apreciaciones, todas las ramas del saber que tocó muestran el sello del gran hombre que las escribió.

 

Abu 'Abd Allah Mwhammad ibn Sa'id ibn al-Jatib Lisan ad-Din as-Salmani, que ese era su nombre completo, fue, sin lugar a dudas, uno de los personajes más influyentes del siglo XIV. ¡Andalusí! Nacido en Loja en 1313 de una familia acomodada, tuvo una formación intelectual muy extensa, que supo aprovechar y desarrollar con su privilegiada inteligencia.  Pasó la mayor parte de su vida en Granada al servicio de la dinastía nasrí. Ocupó altos cargos políticos, siendo nombrado “doble visir”, “du l-wizaratayn”. Murió asesinado en la prisión de Fez, en 1374.

 

Su ingreso en la corte se produjo en tiempos de Yusuf I como miembro de su secretaría. Allí estuvo a las órdenes de Ibn al-Yayyab, antecesor suyo como visir en la corte de los sultanes de la primera mitad del siglo XIV. Estos dos e Ibn Zamrak, que siguió su camino como discípulo de Ibn al-Jatib, grabaron parte de su poesía en las paredes de la Alhambra.

 

A la muerte de Ibn al-Yayyab, Ibn al-Jatib ocupó el puesto de visir, que conservó, después de morir el sultán Yusuf I, con su hijo Muhammad V.

 

Fue un excelente polígrafo. Escribió más de 60 obras de todos los temas. Obras sobre  historia, religión, filosofía y medicina. Sus escritos son fuente imprescindible de noticias sobre la historia  y  los  hombres  del  reino  nasrí,   de  sus rasgos  y sus costumbres, de la geografía. Una de sus obras constituye un precioso   testimonio   de   una   fiesta   real celebrada  en  la Alhambra, con descripciones de vestidos, decoración, protocolo, comidas que se sirvieron y un sin fin de noticias curiosas. Es una visión directa del interior del palacio, llena de vida. Como poeta, además de obras editadas, parte de esa poesía se grabó en las paredes de aquella Alhambra que él tan bien conoció, concretamente en las tacas de entrada del Salón de Embajadores. Una de ellas comienza así:

 

  "Gano en gala y corona a las hermosas;
bajan a mí los astros del Zodíaco"

 

Las fuentes atribuyen su inmensa capacidad para escribir a la incapacidad que tenía para dormir, y muchas de estas obras las escribió en sus momentos de insomnio. Entre todas ellas quizás destaca la Ihata fi ta’rij Garnata, una obra en la que incluyó a todos los sabios granadinos, y que introdujo con una valiosa descripción de esta ciudad.

 

Gracias a su formación sociológica y filosófica, Ibn al-Jatib mantiene una visión compleja del ser humano que le permite situarlo en esas dimensiones sin dejar de atender a sus estrechas conexiones con la naturaleza externa y con su propia condición interna. Él nos dejó en herencia un tratado que sorprende por su modernidad, el "Libro del cuidado de la salud durante las estaciones del año", llamado también "Libro de Higiene", en el que desarrolla de manera sistemática las costumbres y el orden de vida que cada cual debe poner en práctica, conforme a su constitución, para mantener una buena salud o recuperarla si la ha perdido. Es un tratado de medicina preventiva escrito de forma clara y concisa, cuyas directrices avalan las ideas que la medicina integral ha recuperado y puesto de moda hoy en día.

 

 

ENTORNO SOCIOPOLÍTICO E HISTÓRICO

 

Por el año 1354 Abu al-Hashshash seria asesinado, mientras se encontraba en la mezquita el día en que terminaba el ayuno legal, para asistir a la oración. Pronto sería proclamado soberano el príncipe Mohammad V. Durante este período sería el liberto Ridwan, que ejercía los cargos de general en jefe y tutor de los jóvenes príncipes de la familia real, quien realmente gobernara Al-Andalus. Tomó por lugarteniente a Ibn al-Jatib, dándole una total participación en las tareas de gobierno, gozando la administración de una gran prosperidad y estabilidad política. Una de las grandes virtudes como político sería la de poseer unas excelentes cualidades para la diplomacia: Ibn al-Jatib recibiría la misión de trasladarse a la corte merinida de Abu Inan, para solicitar el apoyo de este príncipe contra las armas extranjeras de los castellano-leoneses. Ibn al-Jatib se presentó en dicha audiencia regia, adelantándose a los visires y jurisconsultos que formaban parte de la embajada, y dirigiéndose al propio Abu Inan solicitaría permiso para recitar, de forma literaria, su misión, antes de entrar a parlamentar. El príncipe accedió a ello, y el embajador, puesto en pie, comenzó de esta forma:


¡Califa de Dios!

Ojalá el destino aumente tu gloria

 todo el tiempo que brille la luna en la oscuridad!
Ojalá la mano de la Providencia aleje de ti los peligros

que no podrían ser rechazados por la fuerza de los hombres.
En nuestras aflicciones tu aspecto es para nosotros

 la luna que disipa las tinieblas; y, en las épocas de escasez,

tu mano reemplaza la lluvia y esparce la abundancia.
Sin
tu auxilio, el pueblo andaluz no habría conservado

 ni habitación ni territorio.
En una palabra, este país no siente sino una necesidad:

la protección de tu majestad.

Aquellos que han experimentado tus favores,

 jamás han sido ingratos;

nunca han desconocido tus beneficios.
Ahora, cuando temen por su existencia,

 me han enviado a ti y esperan.


El sultán meriní encontró muy hermosas estas palabras, respondiéndole al embajador:

 

“No regresarás a tu nación y a tus compatriotas sin que tus deseos sean satisfechos; te doy permiso para sentarte”.

 

A continuación colmaría de mercedes e infinidad de regalos a los miembros de la embajada y, antes de despedirlos, les concedió cuanto solicitaron. Uno de los antiguos profesores de Ibn Jaldun (narrador de la biografía de Ibn al-Jatib), el cadi kserife Abu al-Kasim, que formó parte de esta comisión, le señaló a aquél, al hablar de tal audiencia, lo siguiente: “Es la primera vez que se ha visto que un embajador consiga el objeto de su misión, antes de haber saludado al sultán, a cuya corte había sido enviado”.

 
No tardó en ganar el título político de doble visir (Dzú al-wizdratayn), que tradicionalmente se concedía a los visires con poderes ejecutivos. Su influencia en la corte y su riqueza provocarían la envidia de los cortesanos, y uno de sus discípulos, el poeta Ibn Zamrak, de la escuela maliquí, conspiraría contra Ibn al-Jatib, acusándole de deslealtad al Islam, debido a los postulados sufistas que éste profesab
a. Fue exiliado a Fez, de donde no tardaría en volver a su puesto. Otro de los sucesos más destacados de su vida sería la experiencia que vivió en África, con motivo de acompañar a Ibn al-Ahmad o Mohammad V, en su exilio a la corte del califa merinida  Abu  Salem,    quien  los  recibió  con  un  magnífico  cortejo y con gran dignidad: hizo subir a un trono, colocado frente al suyo, al exiliado monarca nasrita, recitando a continuación Ibn al-Jatib un  poema  en el cual  suplicaba a este monarca  que le prestase auxilio. El sultán de Ifriquiyya prometió sostener a su huésped y, mientras llegaba el momento de su restauración en el trono andalusí, le colmó de honores, instalándolo en un espléndido palacio,  proveyendo  de  igual  forma  las  necesidades  de  todos  cuantos  formaban  el séquito del monarca andalusí.

 

El ex-visir Ibn al-Jatib llevaría durante algún tiempo una vida muy agradable, gozando de los favores y la atención que le otorgara el sultán merinida. Solicitó asimismo recorrer las ciudades y comarcas de Ifriquiyya, para conocer y visitar los monumentos y recoger la historia de sus antiguas formaciones sociales. Obtuvo el permiso consiguiente, llevando consigo cartas recomendatorias en las que se invitaba a los administradores y gobernadores a facilitarle medios y obsequiarle con regalos, reuniendo Ibn al-Jatib una gran fortuna. Mientras el monarca andaluz destronado permaneció en Africa, Ibn al-Jatib estuvo separado de él, residiendo en la ciudad de Salé, hasta el año 1362, en que Mohammad V recuperaría nuevamente el trono. Envió a buscar a su familia, que había dejado en Fez, haciéndole el encargo a Ibn al-Jatib para que les acompañara y protegiera hasta Andalucía. A su llegada a Granada, fue muy bien acogido por el monarca y restablecido en el puesto que anteriormente había ocupado.

 

Ibn al-Jatib quedaría como gobernante y administrador único del reino nasrí, obteniendo plena confianza del sultán granadino para las tareas de gobierno. Todo ello provocaría que los familiares del príncipe y otros cortesanos comenzaran a levantar contra él todo género de intrigas y calumnias, fundamentalmente referidas a su concepción materialista de la vida, que confesaba en su ideología sufí. En un principio, el sultán nasrí no prestó oídos a estas insinuaciones; no obstante, Ibn al-Jatib, advertido de estas conspiraciones que se urdían contra él, llegaría a concebir la idea de abandonar la corte andalusí, en busca de seguridad.

 

Emigró, y una vez llegado a Ceuta, Ibn al-Jatib recibiría de los administradores de esta fortaleza todos los honores de rigor, viéndose colmado de atenciones. Acto seguido, tomaría el camino de Tremecén, para ir al encuentro del sultán merinida en esta población (1371/2). A su llegada, fue recibido a caballo por los principales oficiales y representantes de la corte; el mismo sultán le acogería con la mayor celeridad, velando por su seguridad y bienestar y dándole el mismo trato que a los miembros de la familia real. Apenas se hubieron cruzado los primeros saludos, enviaría el sultán a uno de sus secretarios para que lograra del soberano nasrí la autorización para el traslado de la familia de Ibn al-Jatib, cosa que así se hizo.

 

A partir de ese momento, la corte de Granada comenzó a hervir en contra del antiguo visir, publicando en todos los tonos hasta los menores deslices en que había incurrido durante el periodo de su gobierno, siendo considerado a todos los efectos como fugitivo. Estas intrigas hicieron mella en el ánimo del monarca nasrí, que daría crédito a las acusaciones que sobre algunos de sus discursos se hacían, resaltando de ellos su carácter materialista y sufista. El soberano de Granada encomendó a uno de los caídes esta causa, llegando a declarar por un acto formal jurídico, que aquellos escritos eran propios de un no musulmán. El sultán granadino resolvió sentencia contra su antiguo ministro y encargó al propio cadí que se trasladara a la corte del sultán Abd al-Aziz y exigiera el castigo para el refugiado.

 

En el año 1372, muerto Abd al Aziz, los meriníes dejarían la ciudad de Tremecén, regresando al Magreb, cosa que también haría Ibn al-Jatib, enrolado en la corte de Abú Bakú Ibn Gazi, regente en la administración. Cuando llegó a Fez compró allí numerosas tierras y construyó excelentes casas con hermosos jardines.

 

Tras un tiempo de relativa calma, el sultán Abú-I-Abbas mandó arrestarle por consejo de Sulayman ben Dawud. Acusado de haber insertado en sus escritos algunas proposiciones malsonantes, fue encarcelado y sometido a tortura. El jurado deliberó luego si procedía además imponer la pena capital por las dichas proposiciones. Algunos jurisconsultos votaron por la muerte, dando así ocasión a Sulayman de saciar su sed de venganza. Por órdenes secretas de éste, algunos miserables que tenía a su servicio reunieron por la noche una cuadrilla de gente asalariada, a la cual se unieron los enviados granadinos, forzando las puertas de la prisión y estrangulando a Ibn al-Jatib. Al día siguiente se le enterró en el cementerio de la Puerta de Mahruk, descubriéndose al otro día que el cadáver había sido sacado de su tumba para hacerle desaparecer por el fuego. Se le enterró nuevamente, terminando de este modo las desdichas de Ibn al-Jatib.

 

Durante los últimos días de cautiverio, el desventurado Ibn al-Jatib se preparaba para morir, y aún tuvo el valor suficiente para coordinar sus ideas y componer elegías sobre el triste final que le esperaba. Una de estas composiciones muestra su gran entereza:

 

¡Aunque estemos cerca de la parada terrestre, nos hallamos ahora alejados de ella!. Habiendo llegado al lugar de la cita

sepulcro,

guardamos silencio

para siempre.

Nuestros suspiros se han detenido repentinamente, bien así como se detiene la recitación de la oración cuando se ha pronunciado el Konut. Aunque éramos antes poderosos, ya no somos más que osamentas; en otro tiempo dábamos festines,

hoy somos el festín

de los gusanos.

Éramos el sol de la gloria; pero ahora este sol ha desaparecido, y todo el horizonte se conduele de nosotros. ¡Cuántas veces la lanza ha derribado al que lleva la espada! ¡Cuántas veces la desgracia ha abatido al hombre feliz! ¡Cuántas veces se ha enterrado en un miserable harapo al hombre cuyas vestiduras llenaban numerosos cofres! Di a mis amigos: ¡Ibn al-Jatib ha partido! ¡Ya no existe! ¿Y quién es el que no ha de morir? Di a los que se regocijan de ello: ¡Alegraos si sois inmortales! ...

 

Tan trágico fin tuvo Ibn al-Jatib, cuya privilegiada naturaleza, y su incansable actividad se tejió de forma solicitada por dos fuerzas distintas que tiraban de él a la par, los ideales políticos y las luchas despiadadas y muchas veces cruentas de la época; y los dulces goces en el cultivo de las letras. Tal era Ibn al-Jatib, cuya memoria debe conservar Granada y Andalucía con auténtica veneración.

 

 

 

CREACIÓN LITERARIA

 

Las producciones históricas de Ibn al-Jatib, así como sus ensayos filosóficos, poesías y demás obras literarias son numerosas. Entre todas ellas, sobresale por su importancia la titulada El círculo.

 

- El círculo, versa sobre la historia de Granada. La obra fue escrita en el año 1369, de la cual Gallagos tiene un códice que debió escribirse en el año 1489.

 

- Compendio de la Ihata, que escribió con el títuloMarkaz al-ihata bi-udaba Garnata (El centro del círculo acerca de los literatos de Granada). Es una obra en ocho volúmenes. Se presenta como un diccionario de biografías de personajes de Granada, o que simplemente pasaron por dicha ciudad. Dispuesta siguiendo el orden alfabético de los nombres, y dentro de cada nombre aparecen los personajes citados por categorías sociales: primero, los reyes y emires. A continuación, los magnates, y finalmente, aquellas personas que descollaron en algún campo determinado: cadíes, jurisconsultos, tradicionistas, poetas etc.,  dando  incluso muestras de sus poesías. Todo ello está compuesto con un estilo muy florido y ampuloso,  propio del carácter y profesión que ostentaba Ibn al-Jatib.

 

- El libro del complemento. Como señala su título, sirve de complemento a la obra anterior, y se encuentra en la biblioteca de El Escorial, con el número 1.674.

 

- Las vestiduras bordadas. Se trata de una obra que compila la historia de los califas de Oriente y otras noticias de la historia de Al-Andalus y de África. Existen dos ejemplares de esta misma obra en El Escorial, con los números 1.771 y 1.772.

 

- Esplendor del plenilunio. Trabajo histórico de Ibn al-Jatib que trata de la dinastía nasrí, texto que también se encuentra en la biblioteca de El Escorial, con el número 1.771 bis. La obra está dividida en cinco partes: la primera contiene una descripción de la capital del reino granadino. La segunda trata de su provincia y principales comarcas. Versa la tercera sobre los gobernadores y príncipes que la rigieron. En la cuarta expone las cualidades y costumbres de sus habitantes, y la quinta estudia la sucesión de los reyes nasríes y cuanto en ellos encuentra digno de mención.

 

- Yerba olorosa de los cátibes o secretarios y apacentamiento de las cosas que acontecieron. Se encuentra en El Escorial, con el número 304 bis. Estos escritos fueron realizados precisamente para ayudar a los funcionarios y, en especial, a los secretarios (cátibes), formando esta obra, que constituye un manual epistolar, un conjunto de modelo de cartas del que pueden valerse los secretarios a la hora de redactar escritos oficiales. Todas las cartas gozan de un estilo ampuloso y rítmico y muchas de ellas figuran en la segunda parte de las Analectas de Al-Makkari.

 

- Evacuación de la alforja, trata sobre lo agradable del viaje o emigración a país extranjero. Se compone de cuatro tomos, y hace referencia de numerosas ciudades de las que da noticias, mencionando igualmente a sus sabios, bibliófilos y bibliotecas. Esta obra se encuentra en El Escorial con el número 1.150.

 

- Viaje a África y su regreso a Andalucía. Es una disertación histórica en la que el  autor refiere las peripecias de sus viajes y las felicitaciones que recibió por esta empresa. De igual forma señala la magnificencia de las ciudades andaluzas en relación con lo conocido en África, así como el carácter extraordinario de las instituciones nacionales andaluzas y de lo visto en el Magreb.

 

- Excelencias de Málaga y Salé. Con este parangón Ibn al-Jatib quiere demostrar las excelencias de Al-Andalus, incluso desde el siglo XIV, marcado ya por la decadencia y por una persistente dominación de los reinos extranjeros peninsulares; y de las corrientes ideológicas e invasoras africanas. Igualmente, señala la enemistad pertinaz que en aquel período existía entre los andaluces y los beréberes, mostrando nuestro autor un autentico sentimiento anti beréber. Ello es explicable debido al carácter contra reformador que dominaba en Berbería, a la actitud estrecha y dogmática de sus escuelas islámicas, y al gusto por los proyectos imperiales que marcan este período. Ibn al-Jatib aparece en esta obra marcado por un fuerte nacionalismo andaluz, juzgando de una forma crítica tanto a los líderes musulmanes africanos como a los cristianos peninsulares. A su juicio, los mulúk al-tawá´if (reyes de taifas) andaluces fueron gatos haciéndose pasar por leones, que llevarían nuestra formación nacional andaluza a la mayor de las ruinas; respecto a los líderes cristianos dice, refiriéndose al Cid, que fue enemigo de Dios, que no evitó la matanza de niños y mujeres tras la conquista de Valencia, y lo mismo fue el maldito tirano extranjero, Alfonso VI.

 

En este estudio, de gran valor por sus datos geográficos e históricos, Ibn al-Jatib enfrenta y compara dos ciudades: la andaluza Málaga y la magrebí Salé, y aunque él mismo señala desde el principio que no existe punto de comparación, ni posibilidades de parangón entre ambas ciudades, como tampoco lo existe entre Andalucía y Berbería; sin embargo establece  varios  puntos,  a través de los cuales poder constatar la magnificencia de Málaga y de la nación andaluza. Enaltece de Málaga la inexpugnabilidad de sus murallas, la industria que en ella florece, la fertilidad del suelo, la fama de que goza, la prosperidad de la ciudad; ensalza a la población malagueña, su vida económica, el esplendor que alcanzó su gente, así como sus edificios más señalados y sus hijos más ilustres; todo ello para acabar proclamando que Málaga lleva ventaja por su hermosura y perfección, por sus hijos ilustres y, en definitiva, por la exquisitez de sus gentes, industria y labores.

 

Como hemos visto, gran parte de la producción literaria de Ibn al-Jatib se encuentra en la biblioteca de El Escorial. Justo sería  la  reclamación  por parte de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, para que este legado cultural andaluz retornara a sus orígenes.       

  

Alfredo Leyva Almendros

Málaga,  Febrero de  2007,   Safar 1428

 

 

 

 

Ilustraciones aportadas por el autor

Epigrafías árabes / Arab epigraphies

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Alhambra

 

 

 

 

Parque de los Arrayanes

 

 

 

 

 

Patio de los Leones  /  Lyons Park

 

 

 

 

 

 

NOTA de la Redacción / Editor’s note

 

 

 

En esta página de la Junta de Andalucía, se comentan las rutas del Al Andaluz, entre las cuales está la de Ibn Al-Jatib. La copio más abajo para los que no tienen acceso a Internet

 

On the following page of the Junta de Andalucía, the different routes of Al Andaluz are commented, among them there is the one of Ibn Al-Jatib. I translate it for the ones who do not understand Spanish.

 

http://www.legadoandalusi.es/legado/contenido/rutas/jatib.html

 

 

Ruta de /Route of Ibn al-Jatib

 

 

 

“Esta Ruta traza el recorrido que realizó Ibn al-Jatib, último gran polígrafo de la España musulmana que nació en Loja 1313 y murió en Fez en 1374. La Ruta de Ibn al-Jatib destaca por su importancia histórica y los restos árabes que aún hoy se conservan en poblaciones como Lorca, Vélez Rubio, Albox, Baza y Guadix. El visitante encontrará paisajes de gran belleza en la sierra de María situada al norte de Vélez Rubio y Vélez Blanco, donde los aficionados al parapente y el ala delta cuentan con altos escarpes, y el Parque Natural de la Sierra de Huétor, cuyas cumbres son los más hermosos miradores a Sierra Nevada. Durante el recorrido se pueden contemplar buenas muestras de los oficios artesanos como trabajos de forja, alfarería e instrumentos musicales. Así, por ejemplo, en la localidad de Albox se conservan hornos donde se realizan cántaros y botijos.”

 

 

This route marks the travelling of Ibn al-Jatib, last great polymath of the Muslim Spain, born in Luja, in 1313, he died in Fez, in 1374. This route is important because of historical sites and Arab remains that still today are conserved in Lorca, Vélez Rubio, Albox, Baza and Guadix. The visitor will find landscapes of great beauty in Sierra de María, situated at the north of Vélez Rubio and Vélez Blanco, where paragliding and hang glider lovers would find high suitable locations, and the Parque Natural de la Sierra de Huétor, whose summits are fantastic viewpoints to Sierra Nevada. On the way there is the possibility to gaze at the work of artisan artists, as forge, pottery and musical instruments. For example, in Albox, there are ancient kilns still used to produce earthenware jugs.

 

 

 

Localidades de la ruta / Localities of the road

 


Murcia, Alcantarilla, Librilla, Alhama de Murcia, Totana, Aledo, Lorca, Puerto Lumbreras, Vélez Rubio, Vélez Blanco, María, Puebla de don Fadrique, Huéscar, Castril, Galera, Orce, Cúllar, Huércal Overa, Arboleas, Albox, Cantoria, Fines, Olula del Río, Macael, Purcherna, Tíjola, Serón, aniles, aza, Gor, Guadix, Purullena, Lopera, Diezma, uétor Santillán,

Granada.

 

 

Ibn al-Jatib

 

the insomniac polymath writer

 

By dominating the whole cultural history of the reign of Granada, with a much important intervention in his times’ politics, he was the last great figure of the whole Al-Andalusian history into science and thought, a writer with a difficult prose but rich in news and acute in his judgments; all the wisdom branches in which he was involved show how great was the man that wrote them.

 

Abu’Abd Allah Mwhammad ibn Sa’id ibn al-Jatib Lisan ad-Din as Salmani (his complete name) was without any doubt one of the most influent personality of the XIV Andalusian century. He was born in Loja, in 1313, from a well-off family, and had a very extensive intellectual formation, from which he managed to take advantage, developing his exceptional mind. He spent most of his time in Granada, serving the Nasrid dynasty; occupies high political charges being nominated “double vizier” (du I-wizaratayn); and was murdered in the prison of Fez, in 1374.

 

He entered the court in times of Yusuf I, as a member of the secretaryship. There, he was under the direction of Ibn al-Yayyab, his predecessor in the charge of sultans court’ vizier, in the first half of the XIV century. These two and Ibn Zamrak, who followed the same way, being an Ibn al-Jatib’s disciple, graved part of their poetry on the Alhambra walls.

 

When Ibn al-Yayyab died, Ibn al-Jatib was promoted vizier and maintains this position under Muhammad V, after the death of sultan Yusuf I.

 

He  was  excellent  in  all  writing genres;  wrote more than 60 works involving all themes: history, religion, philosophy and medicine. His works are bare essential sources of news about history and men during the Nasrid reign; they inform about habits, customs and geography. One of his works is a precious testimony to a real feast that took place in the Alhambra, with a description of clad, decoration, protocol, meals and a lot of curious anecdotes: a vivid inside palace vision of those times. In addition to published works, part of his poetry remains graved on the walls of that Alhambra he knew so well, precisely at the entrance of the Salón de Embajadores. One of these poems begins like this:

“By gala and crown I win Beauty:

Zodiac stars are coming down to me”.

 

According to some sources, his immense capacity to write is the result of his incapacity to sleep. A lot of works were written in those insomniac moments. Among them, we have perhaps to underline the Ihata fi ta’rif Garnata, in which he included all the learned persons from Granada; and a precious description of the city in the preface.

 

Thanks to his social and philosophical education, Ibn al-Jatib  has a complex regard on the human being, enabling him to situate a person on any dimension scale, without forgetting the narrow connexion existing between outside and inside natural conditions. He left us a treatise that amazes us because of its modernity, the “Book of Health care during the different seasons of the year” also called “Book of hygiene”, in which he   systematically develops and explains customs and living rules that everybody should practise, in accordance with his constitution, to maintain a good health, or to recover it when lost. It is a preventive medicine treatise written in a clear concise form, which guidelines are the same we can find in the recovered integral medicine fashion of today.

 

 

 

SOCIAL, POLITIC AND HISTORIC BACKGROUND

 

Abu al-Hashshash was assassinated in 1354, on the last legal fasting day, when he was praying at mosque. Soon after that, Mohammad V was proclaimed king. During this period, the one who really governed Al-Andalus was chief general and tutor of the royal young princes, freed Ridwan. He took Ibn Al-Jatib as his assistant, letting him a complete participation to government duties and obligations; in consequence, the administration enjoyed a great prosperity and political stability. To possess excellent diplomatic qualities is one of the big virtues required for a politician: Ibn al-Jatib was given the mission to travel to the Marinid court of Abu Inan, to request help against the alien Castellan-Leones army: Introducing himself into that royal audience, before the embassy viziers and jurisconsults, and addressing the very Abu Inan, he would ask permission to recite his mission in literary form, before parley. The prince accepted and, standing up, the ambassador began this way:

 

Caliph of god!

Wish destiny increased your glory

as long as the moon shines in obscurity!

Wish the hand of Providence kept out from you

all dangers that men force cannot avoid.

In our afflictions your appearance is for us

like the moon dispersing the darkness.

In times of penury your hand replaces the rain

spreading abundance.

Without your help,

The people of Andalusian could not conserve

their habitation, neither their land.

In a word, this country doesn’t feel but a lone necessity:

to protect your Majesty.

Those who experiment your favour never were ungrateful;

they never were unaware of your profits.

And now, when they fair for their existence,

they send me to you and wait.

 

The Marinid sultan found these words most beautiful, and answered the ambassador:

 

“You shall not return to your nation and compatriots without your wishes are satisfied; I give you permission to sit down”.

 

Following, he would shower the embassy membership with countless gifts and, before saying goodbye; he granted them with all they asked for. One of the former professors of Ibn Jaldun (his biography’s author), cadi kserife Abu al-Kasim, who were part of this commission, told Ibn Jaldun: “This is the first time that we see an ambassador obtaining the object of his mission, even before having greeted the sultan, to whose court he was sent”.

 

Not long after that, he won the title of double vizier (Dzú al-wizdratayn), traditionally conferred on viziers with executive power. But his influence in the court, and his riches, would provoke the courtier’s envy. One of his disciples, poet Ibn Zamrak, from Malaquí school, conspired against Ibn al-Jatib, accusing him from Islam unfairness, due to some sophism postulates he professed. Because of that, he was exiled to Fez, though not longer after, he returned to his place. Another of the most noteworthy events in his life would be some experience he had in Africa: When he accompanied Ibn al-Ahmad or Mohammad V, to the court of Marinid caliph Abu Salem, who received them with a marvellous cortège and great dignity: making the Nasrid monarch sit down on a throne in front of his own one; subsequently, Ibn al-Jatib recited a poem, imploring the monarch to give exiled Mohammad V assistance. The African sultan promised to sustain his host until his re-establishment on the throne arrived.

 

Meanwhile, he showed him with honours, installing him in a splendid palace, providing the Andalusian monarch with all what he and his retinue would need.

 

The ex-vizier would bear during some time a very pleasant living, enjoying favours and attention from the Marinid sultan. To make the most of the situation, he asked permission to visit the cities and villages from Ifriquiyya (Africa), to know monuments and collect information about the antic social formation of the country. Permission was obtained and, in addition, he was given recommendation letters into which it was requested from administrators to receive and provide him with gifts and whatever means he should need. Thus, he managed to raise a vast fortune. During the time the dethroned Andalusian monarch remained in Africa, Ibn al-Jatib was separated from him, living in Salé city until 1362, when Mohammad V would recover the throne. Then, the monarch charged Ibn al-Jatib to accompany and protect his family remained in Fez, in her way back to Andalusia. When he arrived in Granada, he was welcome by the monarch, and reinstalled in the same position he occupied before.

 

He was raised unique governor and administrator of the Nasrid reign, as the sultan had complete confidence and relied on him. And this would provoke that Prince’s relatives and other courtiers start raising all kind of intrigues and calumnies, fundamentally with reference to his materialistic conception of life, confessed in his Sufism ideology. At first, the Nasrid sultan did not give credibility to their insinuations; however when Ibn al-Jatib new about the rumours running against him, the idea of abandoning the Andalusian court began to grow in his mind, in search of security.

 

He migrated to Ceuta, where he was received with all kind of honours  by  the  fortress’ administrators,  feeling him showed

 

with attentions. Following, he would take to Tremecén, to meet there the Marinid sultan (1371/2). He was received by the principal officers and court representatives, riding horses; and even the sultan would promptly welcome him, caring for his security  and wellbeing,  treating him like he were a member of the royal family. After the first greetings, the sultan sent one of his secretaries to obtain, from the Nasrid king, authorization for the transfer of Ibn al-Jatib’s family, what was agreed and done.

 

From that moment on, Granada’s court began to boil against the former vizier, publishing in bad tones, even the minor slip he had on his governing period, considering him as a deserter on all the line. Those intrigues made a bad impression on the Nasrid monarch, who finished believing some of the gossips accusing his speeches to be materialist and sufi. The king of Granada charged the cause to one of his caddies, going as far as declaring, in an official juridical act, that those writings were from a non Muslim style. Then he sentenced against his former minister and sent the same caddy to sultan Abd al-Aziz’s court to demand punishment for the refugee.

 

In 1372, Abd al Aziz already dead, the Marinids left the city of Tremecén and returned to Maghreb. Ibn al-Jatib did the same enrolled into Abú Bakú Ibn Gazi’s court as an administrator. When he arrived to Fez, he bought a lot of lands and built on them houses with beautiful gardens.

 

After a time of relative calm, the sultan Abú-I-Abbas sent to arrest him under the advice of Sulayman ben Dawud. Accused to have introduced in his writings some nasty propositions, he was imprisoned and tortured. After that, the jury were to deliberate on whether or not he incurred death penalty; thus giving Sulayman  occasion to fulfil his thirst of vengeance.  He gave secret orders to some miserable wretches serving him, to gather by night a squad of paid men and, together with others coming from Granada; they would force the door of the prison and strangled Ibn al-Jatib. So they did. On the next day, he was buried in the Door of Mahruk’s cemetery; and the day after, it was found that the corpse was taken off the tomb and burned. Again they buried him, thus putting an end to Ibn al-Jatib misfortunes.

 

During the last days of imprisonment, poor Ibn al-Jatib was self preparing to die, with even sufficient courage to coordinate his thoughts and compose some elegies about the sad end that was waiting for him. One of these poems shows his great strength:

 

Even if we are near the earth stop frontier, we are now far away from it! Having arrived to the appointment place,

sepulchre,

we remain silent

for ever.

Our breath stopped suddenly, as the prayer stops at Konut’s  pronunciation. Even powerful we were before, now just bones we are; in former times we held feasts,

today we are feast

for the worms.

We were the sun of glory; but now this sun has disappeared, and the whole horizon feels sorry for us. How many times the spear pulled down the one who wore the sword! How many times misfortune brought down the happy man! How many times was buried into miserable rags, the one whose clothing filled numerous trunks!

Tell my friends: Ibn al-Jatib is gone away! He doesn’t exist anymore! And where is the one who were not to die? Tell to the ones who feel glad about themselves:; Be happy if you are immortals!

 

So a tragic end had Ibn al-Jatib, whose privileged nature and untiring activity weaved between two different required forces, pulling over him at the same time: politic ideals with the cruel merciless bloody struggles of that epoch; and, on the other hand, the sweet enjoyment he found by improving the letters. Like this was Ibn al-Jatib, whose memory Granada and Andalusia must conserve with authentic veneration.

 

 

 

Literary works

 

The historical production of Ibn al-Jatib, philosophical essays, poetry and further literary works are numerous. Among them I stick out the one titled The circle, for its importance.

 

- The circle is about the history of Granada. This work was written in 1369. From it, Gallagos has a codex that may have been written in 1489.

 

- Compendium from the Ihata was published with the title: Markaz al-ihata bi-udaba Granada” (The center of the circle about men of letters from Granada). This work consists of eight volumes and looks like a biographic dictionary on personalities from Granada or, at least, having spend a certain time in the city; disposed alphabetically by name; and, under each name, by social category: first come the kings and emirs, followed by magnates and, finally, by those persons who were important in certain fields: caddies, jurists, traditionalists;  poets, with even an example of their poems; etc... All this is written in a flowery pompous style typical of Ibn al-Jatib’s character and profession.

 

- The book from the complement. As the title shows, it is a complement to the anterior work, and can be found in El Escorial’s library, through number 1.674.

 

- Full moon splendour: Historical work by Ibn al-Jatib about the Nasrid dynasty, which can also be found in El Escorial’s library, through number 1.771 bis. This volume is divided in five parts: the first one is a description of Granada, capital or the reign; the second, about provinces and principal regions; the third about governors and princes; in the fourth, he expounds the customs and qualities of its inhabitants; and in the fifth, he studies the succession of Nasrid kings and what about them seems to him worth mentioning.

 

- Catibs or secretaries’ odorous grass and pasture of things that occurred. This book is also to be found in El Escorial, through number 304 bis. The works it contains were precisely written to help civil servants, specially the ones called catibs. This work constitutes an epistolary manual, a collection of standard letters that may be used as a model by secretaries when they have to deal with official documents. All the letters have a rhythmical pompous style, and much of them are included in the anthology of Al-Makkari.

 

- Draining of the saddlebag is about how agreeable is travelling or migrating to foreign lands. It consists of four volumes and makes reference to numerous cities, giving news about them, mentioning their learned men, bibliophiles and libraries. This work can be found in El Escorial, under number 1.150.

 

- Travelling to Africa and returning to Andalusia. This is an historical dissertation in which the author refers to his travelling adventures, and the congratulations he deserved for this enterprise. In it, he also point out the magnificence of the Andalusian cities, comparing them to the African ones he knows; as well as the extraordinary character of Andalusian institutions, and what he saw in Maghreb.

 

-  Excellences   of   Malaga  and  Salé.   With  this  comparison,

 

Ibn al-Jatib wants to demonstrate the excellence of Al-Andalus; even from the XIV century on; already marked by the decadence and persistent peninsular foreign reigns domination, as well as by the invasion of African ideological tendencies. He also draws attention to the fact that, in the mentioned period, an insistent enmity existed between Andalusians and Berbers. This is explainable due to those times prevailing tendency against all kind of reform in Barbary; to the narrow dogmatic mind of their Islamic schools; and to a great fondness for imperial projects. In this work, Ibn al-Jatib shows himself as a devoted Andalusian nationalist; judging in a critical form the African Muslim leaders as well as the peninsular Christians.  In his opinion, Andalusian mulúk al-twá’if (Taifa’s kings), were cats passing themselves for lions, turning our national Andalusian cultural background into ruins. About Christian leaders, referring to the Cid, he says he was an enemy of God, because he didn’t avoid the killing of children and women after the conquest of Valencia; and the same was damn foreign tyrant, Alphonse VI.

 

In this study of great value, due to the geographic and historic information it contains, Ibn al-Jatib confronts and compares two cities: the Andalusian Malaga and the Maghrebi Salé; and even if he himself says, at the beginning, that there are no point of comparison between the two of them -- the same we cannot compare Andalusia to Barbary -- ; there are, nevertheless, various points through which it is able to state the prominent magnificence of Malaga and whole Andalusian nation. He extols the won reputation of Malaga, its prosperity, the impregnability of its ramparts, flourishing industry, fertile ground and the splendour of its outstanding edifices; he also praises from its dwellers the economical living, learned sons, and the exquisite behaviour and works.

 

 

 

Like we see, a big part of Ibn al-Jatib literary production is located in El Escorial (Madrid). A claim from the Junta de Andalucía aiming to this Andalusian cultural legacy returns to its source, would be justice.

 

Málaga: February 2007, Safar 1428

 

 

 

Author: Alfredo Leyva Almendros

English version by Mariette Cirerol

 

 

 

 

 

The pottery palace in Zaragoza, Andalusia, Spain

 

 

 

A manuscript page of the Qur'an  (Página del Corán andaluz)

in the script developed in al-Andalus, 12th century.

 

 

N. B. : Please go back to the original Spanish version to see more of this paper’s pictures, plus an added bilingual illustrated note from the redaction.