Poetas de Cuba
___________________________
Belkis Crespo Abreu
El 23 de agosto de 2007, falleció Jesús Cos Causse, que era nuestro representante en Cuba. Ahora, lo reemplaza una mujer, poeta conocida por nuestros lectores a través de sus versos y a la cual damos las gracias por la ayuda que, desde siempre, da a sus compatriotas, al compartir con ellos lecturas, cocimientos, y toda la información que le llega a través de AIR y otras fuentes literarias.
Por lo que, apreciando su infatigable dedicación y teniendo en cuenta la calidad de sus versos, nos complace otorgar a
BELKIS CRESPO ABREU
el título de
REPRESENTANTE DE AIR para Cuba
no dudando que, con su ayuda implícita, y la de los demás poetas amigos de AIR, se continuará difundiendo la palabra.
Mariette
ESTA VEZ NO ESCOJO EL AGUA
…Los barcos de papel vuelven
Qué huella seguir
Qué rumbo
Mis dedos jugaron a puertos
a torpes rocas donde encallar la nostalgia
Esta vez no escojo el agua
esta muerte que a poco
va dejando pedazos de mí
diseminados en el aire.
Los barcos de papel
se suicidan en la memoria.
Cualquier cosa es el límite
donde no alcanzan los ojos
en la oquedad de la noche
que se repite.
Se repite.
Belkis Crespo Abreu. 05.08.09
SOBRE ESTA PIEDRA QUE ESTALLA
Aquí me pienso.
Sobre esta piedra gastada por los siglos
cuántos se pensaron colgados de la cuerda
o flotando en el agua
que engaña miserablemente al ojo humano.
Como esta piedra he recibido una limosna.
Quién vendrá después
Quién será el sucesor
Hay tantos muertos
flagelando sus huesos para sentirse vivos.
Soy uno más
que sube,
baja y calla
y no entiendo el por qué
el agua hechiza y envuelve,
ahí está Egeo y otros que no recuerdo.
No tengo otro mar que ofrecer
sólo este miedo irreversible,
hablo de olvido,
del fondo,
de soga y mortaja difícil de separar.
Ahora llega un perro triste
husmea mis pies y aúlla
quiere saltar.
Ahora somos dos
pensándonos sobre esta piedra
sobre los siglos;
dos, con la mirada perdida.
El agua hechiza y envuelve.
Aquí donde me pienso
no hay camino de regreso.
Belquis Crespo Abreu
(de la antología: “La ciudad y los POETAS”
Nancy Pullés
SOMBRAS DEL SILENCIO
Dícese del ciego:
que sin querer dejaba ver eternamente sus adentros,
sin más sombras que sus intenciones
ni más pesares que sus absurdos recuerdos.
Dícese de aquel:
que trasladó su camino hasta una bambalina de reposo
y al penetrar en los lauros, encontró la virgen
de superior estampa de silencios.
Por eso, aunque enmudezca ante el olvido,
ante la chusma,
ante los enemigos del recuerdo,
sobradas energías aún tengo en el silencio.
Méndez. 03.09.2009
ARMANDO PALMA LATERRADE
Como un Capitán
Vuelvo la mirada al mar
para esconder el sueño.
Sé que almacena siglos del canto de Ítaca,
de golpe de remos.
Tan cerca está Hemingway
con sus hombros,
una aguja en la caña le corta el aliento
mientras sube en espiral
el aroma del pez.
Vuelvo la mirada:
Un pirata se mueve en la proa.
La brisa serpea los confines,
esa manía de las olas
de destruir la calma para trocarse
en espuma,
romper de blanco.
Me siega el jadear
de la lluvia en el iris,
la tarde cayendo gota a gota,
el estrellarse allá en el horizonte.
Cielo y mar perplejan la voz.
NADIA OCAÑA
Si la luz no adivina mi equilibrio
¿Por qué soñar
si la luz no adivina mi equilibrio?
Vuela mi fantasía buscando espacios.
A esta hora la tarde es una muchacha
que ofrece su desnudez para festín de los buitres.
¿A dónde fueron las auroras boreales?
Los pájaros hacen nidos en ríos secos
y es inútil el latido de los bosques
si la lluvia escapó de las heridas
y las pupilas se nutren del enigma.
El lodo cubre los cadáveres
de los que una vez fueron dioses.
No calculo silencios
horadando las paredes del insomnio.
La ciudad es un espejo y refleja los absurdos,
un circo donde hay máscaras que transmutan
la decisión de la moneda.
Bajo una fusta la carne ultrajada brinca
y ya no queda espacio para el sueño.
Puedo saltar,
uncir al yugo bestias con hambre
y elevar mi cuerpo para sobornar el cansancio.
La sombra se agazapa,
esconde soledad y huye de aquel
que dejó las uñas en la carne de otro.
La ciudad está ahí con los brazos abiertos.
El asombro de las horas me conmueve
y he de romperme las manos y los dientes
si hay noche tenebrosa y no amanece.
La vida es la caricia y la mordida
y debo proteger mi aura de las grietas.
(de la antología : LA CIUDAD Y LOS POETAS)
SANDRA SILVEIRA
INFERIORIDAD
Rotos los sueños me deshojo en el tiempo.
Soy ese árbol que la lluvia despeina.
Sus misterios en remolinos el viento arranca.
Yo, la casa de los pájaros
con las paredes húmedas
me derramo.
Viejo roble
MARÍA ANTONIA CASTRO
Aún perseguimos la ternura
(A Jesús Cos Causse)
Los poetas son pordioseros
pero sólo mendigan la ternura
Jesús Cos Causse
El Flamboyán lloraba
un sinsonte solitario se refugio
en la yagruma.
Yo, sólo tengo palabras que ofrecerte
tal vez, puedan acompañarte
en el último viaje.
Eras ... un suspiro de persona
todo lo veías tras la niebla
del cristal, ahumado.
Decías: “La muerte debe ser un pequeño pueblo,
tal vez lleno de fantasías y divertimentos”.
No, la muerte es algo insondable,
te deja sin amigos
sin los seres más queridos.
Ahora vuelve en coral sombrío
hace que te marches.
A ti, que siempre fuiste Quijote
en combate con molinos de tiempo
duele, duele que te vayas
cuando aún perseguías la ternura
y tantos poemas quedaron como música
atrapados en tu pensamiento.
Por eso,
cuando se alcancen los frutos
he de evocarte serenamente,
podré llamarte amigo,
podré, llamarte hermano,
podré llamarte Poeta.
Y estos versos alados
te tocarán el rostro
y allá, desde el sueño
se tenderán tus manos
y vendrás en calesa
con caballos de nubes,
a imaginar los soles
a traspasar el tiempo.
De María Antonia Castro, en homenaje al poeta Jesús Cos Causse,
“EL QUIJOTE DEL CARIBE”, fallecido recientemente.
JOSÉ ORPÍ GALÍ
El Asesino
Salgo al balcón atraído por la bulla y contemplo a un hombre que empuja una carretilla con un saco. Un policía lo detiene y le obliga a desatarlo. Dentro: el cuerpo de un perro muerto. Pero yo sé que en realidad el perro no es tal, que un hechizo poderoso ha enmascarado la verdadera identidad de la víctima. He sido asesinado y me van a arrojar al mar. El hombre de la carretilla me ha trasmutado en animal para evadir su responsabilidad ante la justicia. Por eso, cuando el policía deja libre al sospechoso y los curiosos comienzan a dispersarse, grito con todas mis fuerzas: ¡A él! ¡A él! ¡Es un asesino! La gente mira hacia arriba: ¿ese hombre está loco? Y entonces, impotente, me dejo caer del balcón a la calle en un gesto liberador, mientras brota de mi garganta un entrecortado ladrido.
Primer Premio del Concurso de Cuentos Breves “VÉRTICE”
REYNALDO GARCÍA BLANCO
(A Mariette, por la constancia)
Hace ya un tiempo que desde algún sitio llamé la atención de tres escritores que debiéramos leer un poco más: François Mauriac, Thornton Wilder y Truman Capote.
Resulta que en determinados momentos la escritura se estanca y necesitamos de algunos detonadores. Vienen a funcionar como suplentes alimenticios, vitamínicos, regeneran las neuronas.
Rilke lo decía a su modo: Me atasco. Me asomo a la ventana. Bebo. Nada. Abro mi libro de cabecera y salta la luz. Allá dentro, en estas páginas, está el agente catalizador que nos impulsa.
Con el tiempo vamos acumulando libros que nunca vamos a leer. Sería necesaria otra vida, otra reencarnación para volver a ellos. Otros que leemos a medias y hay un algo que nos detiene en ese camino. Están aquellos que a saltos, un capítulo sí uno no, algunos versos, un poema completo, pero se quedan ahí en ese marasmo.
Pero siempre hay un fetiche, un amuleto, el talismán que viene a salvarnos de ese horror que es la página en blanco. La escritura y la lectura, como dos hermanas gemelas que a veces se llevan mal, coinciden en un punto en que el vacío se regenera.
André Gide se consolaba con los clásicos rusos. Thomas Bernhard se refugiaba en una biblioteca sin estufa y se reconciliaba con Goethe y un Virgilio maltrecho y comido por las polillas.
83
Estas extrañas y dobles militancias habrá que buscarlas como lo hacen hoy en día los especialistas del comportamiento humano, en cuanto a sexualidad se refiere.
Cada escritor tiene una historia de vida como lector. Esos choques frontales con la literatura de verdad, con el texto que nos pone en duda el acto de escribir, ese libro que no debió escribirse sino por uno mismo.
¿Era Horacio el que decía leonis ungue calamus est plus noxius (la pluma es más dañina que la uña del león)? Esto es para no mencionar a san Pablo en relación al daño de la lectura. Mucha literatura pesa sobre nuestras cabezas. La carrera de fondo que inicia todo escritor sucumbe por las trabas del tiempo y las barreras de sus contemporáneos.
El horror pascaliano llevado a la página en blanco busca otros derroteros: un gesto, un café, una rosa amarilla sobre el escritorio. Pero sigue la misma literatura ese motor, ese engrane menor o mayor que da el impulso necesario.
Ahora que los libros inundan el país, pienso en los textos que nunca vamos a leer. Pienso en los autores que no van a conocer el orgasmo de provocar orgasmo en otros escritores. Así mismo me detengo en los estantes en busca de François Mauriac, Thornton Wilder y Truman Capote, con los cuales inicié mis primeras elucubraciones ilícitas con la literatura. Tal vez de golpe me encuentre con El guardián del trigal, Rayuela o aquel tomito color verde de Anábasis y otros poemas, creo que traducido por Heberto Padilla o Fayad Jamís. Así la literatura. Así estos libros que hacen posible otros libros.
Reynaldo García Blanco
YOLANDA FRANCO SAGUÉ
Una lágrima es pretexto
Sucumbe el tiempo en el sigilo de la telaraña
lo lloro en el despliegue de la mampara
en el gemir de mis aguas
y en la extraña cobija del desamparo.
En sorpresivo vuelo, desnuda en una orgía
amamantando soles
persigo el rastro de un delfín
que lleva a cuestas mi reloj de arena.
Oscar Montoto Mayor
SI DE BUENOS Y DE MALOS INQUILINOS SE TRATA
Arrostrado por la provocación del comentario que hice con el amigo Marino Wilson Jay en los ensayos de mi programa de televisión, cuando iba a comentar el libro de poesía Los malos inquilinos, del poeta y editor Oscar Cruz, logré acumular en mi mente su festinada pero acertada apostilla: “Este es uno de los mejores premios David que se han publicado…”
“ciertos inquilinos cuya esencia desconozco
vinieron a rondarme la cabeza “
No recuerdo si se lo dije al autor, pero no hace más de una semana, un poeta de “mente enredada” entró a la librería portando en su diestra el libro de marras, con el que anda y desanda por la ciudad, y luego de saludarme, abrió el cuaderno para mostrarme un poema, a la vez que me dijo:
“ Este poema es bíblico ; Oscar quiere mencionar al Génesis bíblico ; esto es cosa de Dios, su poética está en los Corintios, léelos… Oscar Cruz escribe como una revelación cristiana” y levantándose para salir y volver (más de dos veces) hacia mi asiento del lobby, me repitió: “Léelo, Montoto, léelo, que mira, aquí lo dice…” y entona fragmentos del poema “Flor de Loto”: “(…) pienso en el concepto Dios / en esa dimensión tan abstracta / a veces me pongo al otro lado / empuño otra bandera / no sé no pienso / es el concepto Dios que me define / (…)”
Cuando el amigo salió apresurado de la librería, y Milagros, la librera, desde su alta estatura me hizo una mueca por el insano, yo le repliqué: “No…, es que está descompensado otra vez”. Y el aedo, porque realmente es del gremio de poetas desde hace muchos años, me dejó pensando y acudí a mi librero para buscar el poemario y darle otra lectura a estos inquilinos que me están provocando.
Los inquilinos de Oscar Cruz somos nosotros, los que habitamos este planeta azul o verde o negro, de acuerdo a como lo veamos y sintamos. Seres reales que abundan alrededor de Oscar y de todos los que aquí decimos, con sinceridad, que este texto es uno de los virtuosos cofres capaz de sostener la veracidad del mundo a través de la lírica del poeta; la verdad que todos tenemos aunque no coincidamos. Inquilinos buenos y malos, vistos al descubierto a través de versos limpios, sin fórceps, con trazos espontáneos y audaces, con los que pudo delinear sonoridad y llenarlos de colorido a la par de conformar la poética versificada. El ritmo, junto a la armonía de cada copla, nos dice de una sinfonía poco oída. La sonoridad no duerme ante el silencio del verso osado. Los malos inquilinos de Oscar Cruz son su verdad.
“Oscar Cruz escribe por el Apocalipsis; está dentro del Génesis; búscalo en los textos bíblicos, Montoto, búscalo”, me dijo este profeta de mente confusa que tiene toda la razón.
Santiago de Cuba, 10 de octubre de 2008
Juana explicando algo a Belquis, en una lectura de poemas. (2009)
IN MEMORIAM
Juana Eva Robinson Agromonte
Desde Guantánamo y también desde Santiago, Cuba, nos comunican el fallecimiento de nuestra amiga, el viernes, 29 de enero 2010. Para que su recuerdo siga presente, publicamos aquí algunos versos que tuvo a bien mandarnos, en vida.
Vuelven
las huellas que el tiempo no calcinó
estas noches atada a horas de espera
como el acróbata que estrena las cuerdas
una y otra vez hacia el laberinto.
allí el quebranto es ímpetu
soledad
más no arriesgaré tanta entrega.
ignorándose a sí mismo
cabalga en las arrugas del miedo
sin ayer sin después
¿quién le negaría la esperanza?
Incienso
no abordo fantasías
ni atesoro secretos en las pupilas
Lo que ven
es todo cuanto llevo
Incienso de su piel sobre mi ser.
Del plegable: “El encanto de otras sombras”, Edición Catedral
Para ti, Juana, esa flor que a la vez que sonríe, llora...
Luis Yuseff
Balada del pájaro que llora
esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues
por esta vez el pájaro se ha vuelto jaula, se ha volado las sienes palpitantes y se ha ido donde el aire castiga su ser .
este pájaro llora, no sabe cómo hacer música con las alas convertidas en hierro de prisiones, no sabe, llora, sobre la tierra deja caer el miedo incandescente, envaina tormentas que baten contra el oleaje de su pecho, redobla minúsculas campanas mientras echa cerrojos a las puertas a la sangre a las ventanas múltiples y estáticas.
cada jaula es un pájaro que llora, soledad con alas, resonancia de metales y tristezas de jueves santos, diana de los fuegos de la sed y el fulgor.
señor, escucha, esta mujer es una jaula y la jaula es un pájaro y ese pájaro no sabe qué hacer con el miedo cuando una sombra pasea sus perros, y los perros comienzan a ladrarle al cielo a la tierra y el pájaro que llora se va se queda como quien se va alguna vez, afila los huesos con la lengua, trasmuta en hierro los gemidos, duro hierro de prisiones, máquina silenciosa de los puertos, hierro sobre el canto, en las alas del pájaro llorador, vestido con el resto de los fuegos del alba cuando se lleva la pólvora contra las sienes palpitantes con las manos trémulas, yéndose como si no se fuera alguna vez quedándose de espaldas a los cielos, caído sobre la tierra tibia con los peces de la sangre saltando en las costas violáceas, sin escucharme cuando grito alejandra alejandra.